
Desde hace meses, golpeando insistentemente contra las aún resistentes rejas metálicas de mi cordura, encuentro en exclusiva hordas y hordas de zombies.
Y es que por una serie de casualidades, veo muertos vivientes por todos lados. Dejando de lado los chistes sobre algunos compañeros de trabajo, escribo estas lineas como apuntes rápidos para un futuro análisis serio de cómo está el mundo zombie en estos tiempos modernos.
Con origen en los mitos sincréticos de Haití y su esclavo durmiente, se podría considerar que el primer zombie fue
Cesare, de “
El Gabinete del Doctor Caligari”, personaje que esclavizado a través de hipnosis, vive únicamente en los momentos en los que su amo lo desea. Esta es quizá una interpretación demasiado subjetiva, ya que la primera película que de verdad se considera la iniciática del género es “
White Zombie” de principios de los 30, en la que se empiezan a establecer los principales parámetros de este tipo de cine.

Aunque lo que de verdad sienta las bases que serán repetidas hasta la extenuación, la parodia y a veces el ridículo, es la aparición en escena de
George A. Romero a finales de los 60 con su “
Night of the Living Dead”. En este momento, el zombie ya es lo que todos reconocen como tal, un muerto salido de la tumba, semi descompuesto, sin que queden demasiado claras las razones del porqué de su resurrección, que acecha a los vivos (encerrados y resistiendo a duras penas) para alimentarse en un festín gore, y que se caracteriza por un andar parsimonioso y renqueante. El hecho de que sean básicamente animales hambrientos, hace aún más terrorífica la cercanía de nuestra posición como vivos y la facilidad con la que podríamos llegar a convertirnos en ellos. Es el horror a lo que somos interiormente, el horror al vecino, y al extraño lo que explota
Romero, así como realiza un certero análisis de la paranoia colectiva en la que estaba sumergido el mundo en los momentos más tensos de la Guerra Fría. Una profunda reflexión sobre lo que somos, que dignifica ese tipo de cine, pero que no siempre se tomó como base para las aportaciones siguientes sobre el género.
Eso quiere decir que llegan las imitaciones, las versiones, y las simplificaciones. El zombie lo es por radiaciones nucleares, mutaciones químicas, hechizos, venganzas de ultratumba, invasiones alienígenas, infecciones animales, maldiciones egipcias, cementerios indios, voodoo, experimentos genéticos, maldiciones infernales, vampirismo, licantropía, posesiones..., hasta por proyecciones cinematográficas.

El género se expande y se multiplica hasta que no puede evitar caer en el auto homenaje y la auto parodia. La exitosa serie, pero rápidamente olvidada e infravalorada, de “
El Regreso de los Muertos Vivientes” de finales de los 80 (con todo lo de explotación de videoclub que ello conlleva), pasa de forma rápida y casi como fantasía escapista por nuestras manos. Pero nada más alejado de la realidad. Y digo esto, porque aunque es una simple parodia que va perdiendo calidad exponencialmente con cada una de sus secuelas, crea varios de los cambios radicales del género que son considerados como invención del cine más actual. A saber: los zombies se alían, planean emboscadas y se comportan de forma inteligente (mítica la frase “
Send... more... paramedics!” de un enfermero zombie, que por radio pide que envíen más ambulancias con jugosos humanos);

y rompe con otro de los rasgos clásicos, el del zombie lento. A no ser que esté impedido por la falta de algún miembro importante, el zombie aquí es un auténtico velocista. Recurso que hace del muerto viviente un ser aún más terrorífico, y de cuya creación pareció adueñarse Danny Boyle en su “revolucionaria” “
28 Días después”.
Pero no, los zombies ya corrían 20 años antes.
Dejando de lado otros grandes hitos del género, que a pesar de algún que otro gran hallazgo y apunte original, siempre se han mantenido en un respetuoso nivel bajo
Romero, vuelvo al maestro, ya que su aportación no se estancó en la iniciática “
Night of the Living Dead”.
Dawn of the Dead (1978),
Day of the Dead (1985),
Land of the Dead (2005), y la esperada
Diary of the Dead (200?) son pasos de gigante en la solidificación de los parámetros clásicos de este tipo de cine. Pero no por clásicos son obsoletos y trasnochados.
Romero imprime carácter, realidad, profundidad (y por supuesto placer sanguinario y travieso) a la situación apocalíptica de que los muertos se levanten y los vivos deban esconderse y huir. Un contexto que se ha convertido en materia de culto y estudio (recomiendo los análisis sobre “
lo zombie” del Maestro Absence en su
Blog Ausente), y que no ha dejado de evolucionar en las obras del autor hasta ahora. La última en estrenarse de momento, “
Land of...” es en sí misma un resumen de su trilogía anterior, así como una continuación, pero lleva al solitario zombie un poco más allá en la escala evolutiva (cosa que ya hemos visto que no se inventó aquí, aunque lo parezca). El zombie piensa, sí, pero donde de verdad revoluciona el concepto
Romero es en el zombie grupal y doliente.

Joder!, un Zombie con sentimientos! Que se da cuenta que los están masacrando, que tiene conciencia de especie y de hermandad, que pretende hacer cambios para sobrevivir! Es casi humano, lo que lo hace más próximo a nuestra empatía, así como más terrorífico por su monstruosa cercanía.
Esto me lleva a
Stephen King, quizá el autor más extraño para aparecer en un artículo sobre zombies, pero que creo que pronto tomará mucha relevancia en el género gracias a su novela “
Cell” que parece ser que será llevada al cine por el mismísimo
auteur del gore que es
Eli Roth.
Dejando de banda las ingentes cantidades de violencia que inundan de sangre la novela, cosa que
Roth sabrá aprovechar sin duda, si algo destaca en las páginas del escritor de Maine es que ha sabido llevar el apocalipsis zombie a su terreno. Aquí la infección llega por causas detectables pero de fuente desconocida, y un altísimo porcentaje de la población (todos los que tienen móvil!!) se convierten es salvajes muertos vivientes, iracundos y hambrientos. Los pocos supervivientes se van agrupando y se embarcan en un gran viaje emocional a través de las ruinas del mundo civilizado (aquí empiezan los tópicos de
King), para descubrir que poco a poco, los zombies (siguiendo las claves del género, nunca se les debe llamar así), aquí conocidos como “
telefónicos” empiezan a formar rebaños, a crearse una conciencia colectiva, a evolucionar como especie y como sociedad, a relacionarse bajo reglas con los normales... y a adquirir capacidades mentales paranormales. Ya ha llevado al muerto viviente completamente a su terreno.
Una evolución curiosa del género, que si
Roth sabe aprovecharla, puede marcar un giro muy interesante a la temática zombie que incluso derribe las paredes del formato.
Eso, siempre que el maestro
Romero no nos sorprenda con algo realmente único en la futura “
Diary of the Dead”, aunque la trayectoria y la edad del padre de lo zombie no me hace albergar demasiadas esperanzas de una gran revolución.
Aunque bien mirado, ¿no se disfruta igual del cómic “
Los Muertos Vivientes. Días Pasados” (2004) de
Kirkman y
Moore, a pesar de que respeta de forma absoluta las bases fundacionales? ¿Las historias tangenciales que narra no son lo importante, y “lo zombie” no es más que una excusa? Desde luego que sí, pero no es menos cierto que los tiempos cambian (y sobre todo pasan los años) y la mera repetición puede acabar por poner en letargo un género que tiene muchísima vida (eso es casi una ironía) por delante.

Texto Extraido de:
Tierras de Cinefagia